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Fundación Cartif

Tercera edad: desafío y oportunidad para la industria alimentaria

Texto extraido del Blog de Fundación Cartif (http://blog.cartif.com/)
Autora: Ruth Rojo, Investigadora del Área Agroalimentaria de Cartif (19/02/2013)

Según una de las últimas proyecciones demográficas del Instituto Nacional de Estadística, en el año 2050 habrá 7,2 millones de personas más en el grupo mayores de 64 años que llegarán a representar el 37% del total de la población española. De hecho, el envejecimiento de la población es uno de los retos más importantes a los que nos enfrentaremos a lo largo de este siglo.

Para la industria alimentaria- hasta hace poco muy centrada en la alimentación infantil y adulta -suponen no sólo un desafío, sino también una oportunidad. Los productores necesitan profundizar en el conocimiento de las características, necesidades y gustos de este grupo poblacional para adaptar su oferta a las mismas. Con este objetivo, en los últimos años se están llevando a cabo proyectos de investigación en los que no sólo se formulan productos nutricionalmente equilibrados, sino apetitosos y fáciles de consumir. Para este grupo de edad, el sabor, color, olor y textura son fundamentales. Potenciar y adecuar las características sensoriales de los alimentos condiciona su interés por la comida y por tanto tiene un reflejo importantísimo en la calidad de su dieta, su estado nutricional y de salud.

Una de nuestras líneas de investigación en el Área de Alimentación de Fundación Cartif es precisamente ésta: trabajamos en la reformulación de productos en busca de perfiles nutricionales saludables (bajos en grasas, sin azúcar, sin sal, fuente de fibra) y características sensoriales óptimas (texturas gel, colores llamativos, sabores y olores intensos).

En los próximos años veremos cómo las estanterías de los supermercados se llenan de productos que buscan la atención de los “seniors”

Pero, ¿por qué alimentos para mayores? ¿Nos van a cobrar el doble por lo mismo? No deberían. Los alimentos senior tendrán características nutricionales y sensoriales que les hagan diferentes de sus equivalentes para la población general. Por ejemplo: tendrán mayor densidad energética (los mayores suelen tener menor apetito; así que los alimentos para seniors condensarán más calorías en menos volumen). Otro ejemplo: el envase de los alimentos senior será fácil de abrir, no como los que tienen “abre-fácil” y tendrá un etiquetado entendible, que vaya al grano y sin letra pequeña.

No sólo el envejecimiento afecta a la alimentación, sino que también sucede al contrario: el estilo de vida y la forma en que nos hemos alimentado condiciona cómo envejecemos. Es decir, la relación envejecimiento-alimentación es bidireccional.

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